El dilema de educar a niños y adolescentes en la era digital y el condicionamiento a la gratificación inmediata. 

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Por: Paola Belliard Contreras, Psicóloga Clínica.  

En los últimos tiempos, padres y docentes se enfrentan a una batalla silenciosa por recuperar uno de los recursos más valiosos en el proceso de aprendizaje de los estudiantes: la atención. Las redes sociales, los videojuegos y el uso cotidiano de las pantallas han dejado de ser simples formas de entretenimiento para convertirse en parte importante del entorno en el que niños y adolescentes se relacionan, construyen su identidad y desarrollan sus hábitos de aprendizaje. Esta realidad plantea importantes interrogantes sobre sus posibles efectos en el desarrollo cognitivo, el rendimiento académico y la salud mental durante etapas fundamentales del desarrollo. 

Cuando el rival de un profesor o de un padre es un algoritmo diseñado para ofrecer un estímulo a través de luces, colores, sonidos y movimientos cada tres segundos, las herramientas  de enseñanzas tradicionales se quedan cortas. Las plataformas comerciales operan bajo un esquema de recompensa dopaminérgica que acostumbra al cerebro a obtener resultados sin pasar por la espera, esto impacta en la conducta de un ser en desarrollo. 

Estudiar, comprender un texto complejo o resolver un problema matemático requieren tiempo, atención, concentración, razonamiento constructivo y esfuerzo sostenido. La "era del clic" choca directamente con los tiempos naturales que exige el aprendizaje profundo, generando un peaje cognitivo según la edad: 

  • Educación Primaria (6 a 12 años): La exposición temprana en los dispositivos divide la atención sostenida. Un cerebro infantil hiperestimulado encuentra aburrida la lectura comprensiva, perdiendo la paciencia cognitiva necesaria para fortalecer las bases del aprendizaje. 
  • Educación Secundaria (12 a 16 años): El enemigo aquí es la multitarea digital crónica. Intentar estudiar mientras se atienden notificaciones divide la memoria de trabajo. Esto se traduce en un aprendizaje superficial, tiempos de estudio duplicados y peores calificaciones. 

Las calificaciones  escolares son solo el síntoma; la salud mental es la raíz. Acontecimientos como el FOMO (miedo a quedarse fuera del grupo), importantísimo en el desarrollo psicosocial, mantienen a los adolescentes en alerta constante. Esta hiperconectividad interrumpe el ciclo del sueño, restando horas de descanso fundamentales para fijar los conocimientos en la memoria a largo plazo.  

Este círculo de comparación digital es uno de los factores más destructivos para el bienestar emocional de los jóvenes hoy en día, ¿Han pensado ustedes, que será de la salud mental de los jóvenes del mañana?  

La prohibición total no educa a largo plazo; la clave es la regulación con propósito: 

  • En la Escuela: Los docentes implementan entornos virtuales controlados en primaria para enseñar comportamiento ético digital. En secundaria, se apuesta por transformar a los alumnos de consumidores a creadores mediante proyectos interactivos (vídeos educativos o debates digitales) y contratos de aula que limitan el uso del Smartphone a momentos pedagógicos específicos. 
  • En el Hogar: Las familias son los primeros cortafuegos. Establecer zonas de silencio digital (dejar los móviles fuera de las habitaciones por la noche y establecer límites en  uso durante el día) evita el insomnio y otros efectos. Asimismo, los padres deben predicar con el ejemplo reduciendo su propio tiempo de pantalla y acompañar a sus hijos en el entorno digital en lugar de limitarse a vigilar. 

El éxito educativo del siglo XXI no se mide por cuánta tecnología hay en las aulas, sino por la madurez con la que los estudiantes aprenden a apagarla. Regular este impacto requiere una corresponsabilidad activa e inmediata entre la escuela y el hogar. 

"En tu experiencia en el aula, ¿Crees que la solución definitiva pasa por la prohibición absoluta del móvil en el centro o por diseñar proyectos educativos que les enseñen a usarlo con criterio? 

Un aporte del equipo del Centro Psicológico de Bienestar Integral Peña & Almonte, C/20 de diciembre#18, Puerto Plata. 

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