Me quemé y no me di cuenta

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Cuando cumplir con todo significa olvidarse de uno mismo

Por Lic. Gabriela Peña | Psicóloga General

¿Cuándo fue la última vez que descansaste sin sentir culpa? ¿Cuántas veces has respondido «estoy bien» cuando, en realidad, apenas tienes fuerzas para continuar? ¿Y si esa vida tan ocupada que los demás admiran está comenzando a desgastarte en silencio?

Nos hemos acostumbrado a admirar a quienes pueden con todo: los que nunca dicen que no, los que siempre están disponibles y los que parecen tener una solución para cada problema. Pero pocas veces nos preguntamos qué sucede detrás de esa imagen de fortaleza. Mientras los demás ven compromiso, responsabilidad y éxito, puede haber una persona que lleva demasiado tiempo posponiéndose a sí misma.

El agotamiento no siempre aparece de golpe. A veces comienza cuando dejamos de disfrutar lo que hacemos, el descanso deja de ser reparador y comenzamos a vivir en automático, cumpliendo responsabilidades sin detenernos a reconocer cómo nos sentimos.

¿Estamos construyendo la vida que deseamos o estamos tan ocupados intentando conseguirla que nos estamos olvidando de vivirla?

Burnout: cuando el estrés laboral nos consume

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2019) define el burnout como un fenómeno ocupacional derivado del estrés laboral crónico que no ha sido gestionado satisfactoriamente. Se caracteriza por tres dimensiones: agotamiento o falta de energía, distanciamiento mental o sentimientos negativos hacia el trabajo y disminución de la eficacia profesional.

No hablamos simplemente de terminar una jornada cansados, sino de un desgaste que comienza a transformar nuestra relación con el trabajo y la percepción de nuestras capacidades.

Aunque la OMS no lo clasifica como una enfermedad, sus repercusiones merecen atención. Salvagioni et al. (2017) encontraron asociaciones entre el burnout y consecuencias como fatiga prolongada, alteraciones del sueño, dolores musculoesqueléticos y dificultades relacionadas con la salud psicológica.

El cuerpo y la mente pueden comenzar a manifestar las consecuencias de un ritmo de trabajo difícil de sostener. Pero ¿cuántas señales estamos dispuestos a ignorar antes de reconocer que algo no está bien?

¿Por qué nos quemamos sin darnos cuenta?

Muchas veces, el desgaste se construye mediante pequeñas renuncias personales que se acumulan con el tiempo.

Nos cuesta establecer límites, no solamente con los demás, sino también con nosotros mismos. Asumimos demasiadas responsabilidades, nos exigimos estar disponibles constantemente y llegamos a sentir que decir «no» equivale a fallar.

Detrás de esa necesidad de cumplir con todo pueden encontrarse el miedo al fracaso y el deseo de sentirnos valorados. Comenzamos a medir nuestra importancia por cuánto hacemos, cuánto resolvemos o cuántas personas dependen de nosotros.

Las exigencias también se acumulan en nuestros hogares, compromisos comunitarios y espacios de servicio religioso. Aunque el burnout se refiere específicamente al contexto laboral, las responsabilidades fuera de él pueden reducir nuestras oportunidades de recuperación.

Pero existe otra realidad que no podemos ignorar: no todos tienen la posibilidad de detenerse. Para muchas personas, conservar un empleo significa garantizar el sustento de su familia, incluso cuando las exigencias laborales están afectando su bienestar.

A veces, el problema no es que una persona no sepa detenerse, sino que siente que no puede permitirse hacerlo.

Por eso, no podemos reducir este fenómeno a la falta de organización personal. También debemos cuestionar una cultura que ha llegado a confundir estar constantemente ocupados con ser productivos.

Porque estar en movimiento no siempre significa avanzar.

Cuando dejas de vivir y comienzas a sobrevivir

Una de las experiencias más inquietantes del agotamiento es comenzar a funcionar en piloto automático. Nos levantamos, cumplimos con nuestras responsabilidades, regresamos a casa y repetimos la rutina, sin preguntarnos cómo nos sentimos realmente.

Aquello que antes nos apasionaba puede convertirse en una carga. El trabajo que nos motivaba comienza a producir rechazo, irritabilidad o una sensación constante de desgaste. Incluso podemos sentir que, por más esfuerzo que hagamos, nunca es suficiente.

En ocasiones, resulta difícil desconectarnos mentalmente de las obligaciones. Llegamos a casa, pero continuamos pensando en los pendientes del día siguiente, y nuestro tiempo libre parece no alcanzar para recuperarnos.

Casi sin notarlo, nuestra vida comienza a organizarse alrededor del trabajo: nos preparamos para trabajar, trabajamos, intentamos recuperar fuerzas y volvemos a comenzar.

Lo preocupante es que podemos acostumbrarnos tanto a sobrevivir que dejamos de reconocer cuánto nos está costando continuar.

El agotamiento no es responsabilidad de uno solo

El burnout no puede comprenderse únicamente desde la dificultad del trabajador para establecer límites. También debemos cuestionar las condiciones que las organizaciones imponen a quienes forman parte de ellas.

Es importante reconocer cuándo nuestras capacidades están siendo sobrepasadas y comprender que decir «no» no siempre significa falta de compromiso. Sin embargo, ¿qué sucede cuando el miedo a perder un empleo nos obliga a continuar, incluso cuando sentimos que ya no podemos más?

Un liderazgo carente de empatía, las jornadas excesivas, la distribución desigual de responsabilidades y la falta de apoyo pueden incrementar el riesgo de burnout.

Algunas organizaciones, intentando reducir costos, terminan sobrecargando a sus colaboradores sin considerar las consecuencias. Investigaciones como la de Salvagioni et al. (2017) han relacionado el burnout con resultados laborales desfavorables, entre ellos la insatisfacción profesional y el ausentismo.

Cuidar la salud mental de los trabajadores no debería interpretarse como un gasto innecesario, sino como parte de una gestión responsable. El trabajador puede reconocer y comunicar sus límites, pero el empleador debe gestionar los riesgos derivados de las condiciones laborales.

¿Qué tan productiva puede ser una organización que necesita agotar a sus empleados para alcanzar sus objetivos?

Aprender a detenerse también es avanzar

Cuidarnos puede comenzar con pequeñas acciones: levantarnos a buscar agua, estirar las piernas, caminar unos minutos o escuchar música durante la jornada, cuando las condiciones lo permitan.

Fuera del trabajo, necesitamos recuperar espacios personales. Caminar, nadar, hacer ejercicio, leer, dibujar, pintar o cocinar pueden ayudarnos a desconectarnos de las responsabilidades y recordar que nuestra identidad no se limita a lo que hacemos profesionalmente.

No se trata de llenar el tiempo libre con más obligaciones, sino de permitirnos disfrutar sin sentir que debemos ser productivos en cada momento.

Las directrices de la OMS (2022) recomiendan considerar intervenciones individuales y organizacionales para favorecer la salud mental en el trabajo. Ninguna pausa activa puede compensar, por sí sola, un entorno laboral perjudicial.

Y quienes dedican gran parte de su vida al cuidado de otros también necesitan espacios para recuperarse. Aunque el agotamiento de los cuidadores familiares se distingue del burnout ocupacional, cuidar a los demás no debería significar abandonarse a uno mismo.

A veces necesitamos aprender a ser un poco egoístas con nuestro bienestar, no por falta de amor hacia los demás, sino porque también merecemos el cuidado que constantemente ofrecemos.

Reconocer que necesitamos ayuda

No tenemos que esperar a estar completamente agotados para reconocer que necesitamos apoyo. Cuando el cansancio persiste, perdemos la motivación y el malestar comienza a afectar nuestra vida, es importante prestar atención a esas señales.

Buscar acompañamiento psicológico puede ayudarnos a comprender lo que experimentamos, desarrollar estrategias de afrontamiento y aprender a establecer límites saludables.

Pedir ayuda no es debilidad, sino un acto de responsabilidad con nosotros mismos.

El éxito también debe poder disfrutarse

Se vale ser ambicioso, tener sueños, aspirar a más y trabajar por aquello que deseamos alcanzar. Lo que no podemos permitir es que, en el intento de construir una vida mejor, terminemos sacrificando nuestra salud, nuestra tranquilidad y la capacidad de disfrutarla.

Aprender a detenernos, establecer límites y reconocer que no podemos con todo no nos hace menos capaces ni menos comprometidos. Nos recuerda que también somos seres humanos, que necesitamos descansar, equivocarnos, soltar y, sobre todo, dejar de posponernos para cumplir con las expectativas de los demás.

Quizás sea momento de comprender que el verdadero éxito no consiste únicamente en cuánto logramos, sino también en cómo nos encontramos mientras lo alcanzamos.

Porque, al final, ¿de qué sirve conquistar todas nuestras metas si estamos demasiado agotados para disfrutar de las bendiciones que tanto esfuerzo nos costaron?

Que el precio de alcanzar tus sueños nunca sea perderte a ti mismo.

Referencias bibliográficas

Organización Mundial de la Salud. (2019, 28 de mayo). Burn-out an "occupational phenomenon": International Classification of Diseases. https://www.who.int/news/item/28-05-2019-burn-out-an-occupational-phenomenon-international-classification-of-diseases

Organización Mundial de la Salud. (2022). WHO guidelines on mental health at work. https://www.who.int/publications/i/item/9789240053052

Salvagioni, D. A. J., Melanda, F. N., Mesas, A. E., González, A. D., Gabani, F. L., & Andrade, S. M. (2017). Physical, psychological and occupational consequences of job burnout: A systematic review of prospective studies. PLOS ONE, 12(10), e0185781. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0185781

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